La gira y la carta
El cartujo observa conmovido al Presidente de la República, sonriente, agitando su banderita con irreprochable entusiasmo. Frente a él comienza el espectáculo: una vieja locomotora avanza y el maquinista suena el silbato. La sonrisa del mandatario se hace más y más grande. Está en una estación ferroviaria del siglo XIX; la escenografía es perfecta para alguien como él, anclado en el pasado, donde se siente seguro con sus ideas y sus grandes proyectos, entre ellos el Tren Maya, al cual el jueves dio el banderazo de salida en su última etapa.
De nuevo de gira, libre del encierro ocasionado por la indomable pandemia de covid-19, cuyos estragos en México nadie conoce a ciencia cierta, como se hace evidente con los cotidianos malabares en las cifras oficiales, en el sureste el mandatario se vio contento; bromista aludió al Comandante Borolas cuando se probó una guayabera varias tallas mayor y orgulloso le echó porras y bendijo a Rocío Nahle por aplicarse en la construcción de la refinería de Dos Bocas en Paraíso, Tabasco. La obra comenzó hace un año y piensa inaugurarla el 1 de junio de 2022. Lo dijo el viernes, Día Mundial del Medio Ambiente, en un escenario con charcos y lodo por las insistentes lluvias, en un lugar propenso a las inundaciones, como han advertido varios especialistas.
Nada le importan a López Obrador las voces en contra de estos proyectos, los argumentos de los científicos, de las organizaciones de la sociedad civil comprometidas con el cuidado de la naturaleza. Él sigue adelante con su tren y su refinería (con su embestida contra las energías renovables) ante el silencio cómplice de funcionarios como el biólogo Víctor Manuel Toledo, secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, especialista en las relaciones entre las culturas indígenas y la biodiversidad, callado como momia ante las anacrónicas decisiones del Ejecutivo, contrarias a la vida sustentable.
Ya es hora...
En un gobierno sin visión de futuro en materia ambiental, empecinado en la utilización de energías fósiles, no resulta extraño su desdén por instituciones como la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, la Comisión Nacional Forestal y la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad, asfixiadas por falta de presupuesto mientras se dilapidan millones en Pemex y la CFE.
En una extensa carta difundida el viernes, dirigida al Presidente y a la opinión pública, un grupo de ex funcionarios ambientales señala: “Ya es hora de que la sociedad se entere del gran desastre que existe y los riesgos que se están generando a raíz de las decisiones que este gobierno está tomando o dejando de tomar en materia ambiental”. Con el debido respeto a su investidura —escriben— “queremos reclamarle y conminarle, Sr. Presidente, para dejar de minar y desdibujar a las instituciones ambientales de México, y suspender decisiones contrarias al marco legal que nos rige en materia ambiental y a nuestras obligaciones y compromisos internacionales”.
Para ellos, la política energética del actual gobierno contribuye al calentamiento global y pone en peligro la biodiversidad, por eso apremian al Presidente “a darle prioridad al tema ambiental, la pérdida del patrimonio natural de México afectará a los más vulnerables y a los jóvenes, que son el futuro del país”.
Entre los firmantes está Julia Carabias, secretaria de Recursos Naturales y Pesca en el sexenio de Ernesto Zedillo, quien hace unas semanas habló con la periodista Guadalupe Alonso sobre el Tren Maya. Unos tramos —le dijo— donde ya existen las vías, pueden ser atractivos para el turismo y más eficientes para el traslado de pasajeros, pero no resulta pertinente “atravesar el sur de nuestro país pasando por los pocos ecosistemas que le quedan en perfecto estado de conservación”. El problema no es tanto la vía del tren, “sino lo que se genera en torno a ella, las ciudades que se constituirán cerca de Calakmul y Bacalar. Se habla de trasladar 50 mil personas, ¿cuál es el sentido? Si se trata de mejorar las condiciones de vida de la población, hay otros proyectos que pueden lograrlo incluso con la parte turística, pero de bajo impacto, un ecoturismo bien hecho”.
Regreso al pasado
La apuesta de Andrés Manuel López Obrador por los hidrocarburos es un quebradero de cabeza para los ambientalistas; protestan o exponen sus argumentos y nadie los escucha, ni siquiera si poseen una autoridad reconocida en el mundo, como el Nobel de Química Mario Molina, quien en entrevista con Leonardo Domínguez para el suplemento Laberinto, dijo: “Tenemos una política energética totalmente equivocada. Desde el punto de vista del cambio climático, debemos abandonar los combustibles fósiles”. Para el científico mexicano, “sacar petróleo ya no es negocio”, la energía se puede comprar “mucho más barata de la que podamos hacer con la refinería (de Dos Bocas)”. Al comentar el enorme potencial de México para las energías eólica y solar y la predilección gubernamental por las más contaminantes, señaló: “Regresar históricamente al siglo pasado es un error grave”.
En una encuesta publicada el viernes en el periódico italiano La Reppublica, el escritor Ian McEwan expresó un deseo: “que los productores de combustibles fósiles se conviertan en productores de energía limpia (…). Todos hemos experimentado lo que significa vivir en una ciudad con aire limpio. Por el bien de nuestros hijos, debemos continuar exigiéndolo”. De eso se trata.
Queridos cinco lectores, El Santo Oficio los colma de bendiciones, El Señor esté con ustedes. Amén.
