Memoria, un valor escaso
Nuestros abuelos contaban que para armar un equipo de época, lo primero que había que hacer era tener un buen grupo de veteranos, jugadores añejados en las bodegas del club que fueran capaces de proteger el escudo durante muchos años. Tiempo después, nuestros padres creían que lo mejor que podía hacer un equipo que soñara con pasar a la historia, era mezclar a aquellos rancios veteranos con un conjunto de novatos. Siguió pasando el tiempo hasta que llegamos al futbol de nuestros días, en el que los jóvenes aficionados pierden la paciencia con facilidad. Hoy, lo único que parece tener valor es el último partido. La memoria es un valor escaso: si no hay tiempo para el futbolista juvenil, mucho menos habrá tiempo para recordar a los mayores.
Al Atlético de Diego Simeone, un equipo que había logrado dominar un estilo de juego como pocos en el mundo, le está pasando factura el futuro. Hace unos meses era imposible creer que el Cholo, con todo lo que ha dado a su pueblo, saliera abucheado de su propio estadio: es como pedirle la renuncia al ídolo. No es el único equipo y no será el último, al que su afición le pide olvidar de inmediato el pasado. Es curioso, porque en la vida del Atlético no han existido mejores tiempos que los últimos años. El dilema es este: buscar en el baúl de los recuerdos la herencia de un maravilloso grupo de jugadores, o buscar en el mercado a los herederos ideales que puedan valorarla. La tarea no es fácil, porque a lo largo de la historia el futbol nos dice que los grandes equipos son irrepetibles.
La impaciencia es el peor rival que puede tener un equipo en competencia, si alguna vez se han tenido las cosas tan claras, lo mejor es tener templanza. Porque si la fórmula del éxito se tiene patentada, es probable que los estilos que triunfaron tengan vigencia. Pero en ese afán por avanzar como sea, y dejar tranquila a la audiencia, muchos cuadros cambian. El cambio es una constante en el futbol moderno que impide a los clubes mirar atrás, creyendo, que los mejores tiempos siempre están por venir. No se trata de evitar el progreso ni la evolución del juego, pero cuando hay demasiados cambios en un equipo, es difícil volver a jugar igual.
