El martirio del Ángel
Los mensajes que circulan en las redes, respecto a los actos vandálicos realizados por un grupo de feministas durante la marcha del viernes pasado, están llegando a extremos ridículos.
Imposible negar el daño hecho por las manifestantes al Ángel de la Independencia. Imposible negar el deseo compartido de que las exigencias ciudadanas se realicen de un modo pacífico y, en la medida de lo posible, respetuoso. Pero también es imposible negar que ni los estudios publicados, las campañas de sensibilización, los talleres de autodefensa, las cifras dadas en periódicos, foros universitarios, coloquios, exposiciones fotográficas, puestas en escena y marchas pacíficas habían logrado que gobierno y ciudadanía pusieran los ojos sobre el gravísimo problema del feminicidio en México. Por ello había que martirizar al Ángel.
Las cifras ofrecidas por Alejandro Hope en su artículo ¿Por qué están enojadas las mujeres? son tan contundentes como inquietantes: tan solo en 2018 fueron asesinadas 3 mil 663 mujeres (10 mujeres por día), cifra “157% mayor que el total de 2008 y 54% más que en 2015”; el 40 por ciento de los homicidios fueron cometidos por sus parejas; el 66 por ciento ha sufrido violencia y cuatro de cada 10 mujeres la ha vivido de manera sexual; 4.8 millones de mujeres fueron violentadas en el ámbito familiar y 4.4 millones fueron abusadas sexualmente en su infancia; 670 mil mujeres fueron agredidas sexualmente por parte de un agente de policía, un militar o marino…
Quien de manera consciente o inconsciente pone por encima de las mujeres asesinadas, violadas, esclavizadas, torturadas y ninguneadas los efectos de la “inaceptable e indignante radicalidad y violencia de las feminazis” (incluyendo a los y las infiltradas), nulifica el valor simbólico y dimensión moral de la marcha; valora más los objetos que a las personas; desdeña la añeja y profunda inequidad y vulnerabilidad que enfrenta la mujer en los ámbitos familiar, laboral, cultural, político y deportivo; crea una cortina de humo que desdibuja la ineptitud y colusión de las autoridades, así como de la arraigada apatía machista de una sociedad que debería sentirse profundamente avergonzada por haber orillado a un grupo de mujeres a optar por la ruta del desmán, la única vía eficaz para hacernos comprender el daño e impacto de tantos y tantos años de justicia negada.
Del martirio del Ángel, lo que más lamento es que tardaran tanto en hacerlo porque, seguramente, muchas mujeres no habrían muerto.
