Velázquez, Rembrandt y Vermeer rompen los tópicos del nacionalismo
Durante años se había reivindicado un arte patrio. Una pintura que respondía a las esencias de cada país. Esta concepción de la historia del arte nació durante el siglo XIX, cuna de los nacionalismos europeos. Pero la observación atenta de la realidad refuta totalmente esta convicción que ha calado en la mentalidad de las distintas sociedades a base de repetirse sin cesar y convertirse en un lugar común, en una idea asumida.
El Museo del Prado dedica ahora una muestra, con motivo de su bicentenario, que deroga esa idea y prueba que sólo es un tópico y, como todos ellos, está sustentada muchas veces en una visión errónea. La exposición "Miradas afines" compara a Velázquez, Vermeer y Rembrandt, y demuestra que entre estos maestros existen más semejanzas que diferencias. Los tres beben de las mismas fuentes y comparte los mismos criterios a la hora de abordar la composición, los temas e, incluso, la pincelada.
Su comisario, Alejandro Vergara, lo explica: "Existe un exceso de nacionalismo en el arte en el que resulta muy sencillo caer. Esto lo conocemos los investigadores, pero es curioso porque no permea demasiado en la sociedad. Se ha asumido por pereza en ocasiones, cuando se difunden mensajes de exposiciones con el título "Picasso español". ¿Qué quiere decir eso? Debemos comprender que lo propio no es solo tuyo, sino que puede pertenecer a más personas. El nacionalismo es muy poderoso. Y de hecho ver el arte con una bandera al hombro es casi místico, pero también debemos saber que es una mística peligrosa. Hay que hacer un cambio. Este es un sitio apropiado porque es un altavoz que se oye muy alto y tiene repercusión. No solemos colgar los cuadros de estos artistas tan diferentes, pero cuando están juntos podemos apreciar algunas maneras que son comunes, que hay más puntos de contacto que diferencias, y que nos lleva a desmantelar esa ese mito que existía y ser más escéptico con lo que defiende"
El Prado ha reunido 72 obras, algunas de enorme importancia, como un retrato de Rembrandt y los dos Vermeer con los que se ha contado en esta ocasión. Las pinturas están emparejadas en las paredes. Una forma que permite observar a los visitantes los puntos de encuentro que existen entre ellos de una manera clara y sorprendente, sin apenas explicaciones. A pesar de que todos trabajaran alejados entre ellos y en lugares distantes.
