Un lápiz de ceja
La poeta, el mito, Pita Amor, la undécima musa, engalanaba la vida nocturna del México del siglo pasado. Cada noche embellecía el legendario cabaret Leda de la tradicional calle de Doctor Vértiz.
Pita Amor, la poeta, el mito recorría las calles del México anterior, el de la mitad del siglo pasado, vestida de gala. Hermosísima.
Era Pita, absoluta Amor.
“Yo soy mi casa”, su primera obra escrita una tarde con papel y un lápiz para las cejas.
“A mí me ha dado en escribir sonetos / como a otros les da en hacer sonatas / lo mismo que si fueran corcholatas / etiquetas, botones o boletos” […]
En estos días que se celebra un aniversario más del nacimiento de Pita Amor (1918-2000) la mejor manera de perpetuarla es a través de su obra, siempre intensa, como era la escritora.
Consultada en la red encontramos valiosos documentos escritos y visuales sobre la escritora, ya sea en documentales y entrevistas, ensayos y la propia autora, nos podemos enterar de su mundo (y aparte).
“Cansada… Cansada de esperarte con mis brazos vacíos de caricias, con ansias de estrecharte pensaba en las delicias de esas noches, pasadas y ficticias”.
Una mujer, una poeta, una mujer polémica que puede arrojar cerca de 8 millones 290 mil resultados en el buscador Google, entre documentos de interés, fotos, poemas, entrevistas, documentales, libros, ensayos, además de los breves encuentros con el cine mexicano, entre ellos, su participación en “El que murió de amor”, (Miguel Morayta, 1945).
En documental “Pita Amor, Señora de la Tinta Americana”, de Eduardo Sepúlveda, el doctor Michael K. Schuessler, uno de sus biógrafos, destaca que “todos los poemas de Pita Amor tienen que ver con el ser de Pita Amor. Con su destino, con sus preocupaciones”.
“Me doctoré en letras muertas / también en ciencias inciertas / Me doctoré en el amor/ lo practiqué en Do Mayor”.
En la obra de Guadalupe Teresa Amor Schmidtlein encontramos sus fulgores y reminiscencias (y una letanía de sus defectos): las noches, pasadas y ficticias; los arcángeles y los faunos; la seda movediza; lo hierático y lo estático.
Las tardes desiertas, los esplendores de la flor de la guayaba, la raza tolteca y los ruiseñores en vuelo, encontramos sus espejismos y esas comparaciones tan absolutas y obsesivas.
Pita nos habla, en sus rimas, de Cristo, de la virgen de Guadalupe y del blue boy. _
