80.000 euros por los «presos políticos» en Arco
Veinticuatro rostros pixelados de «presos políticos» ocupan una pared. Una pared principal del stand que la galería Helga de Alvear tiene en Arco. Como un bofetón que sacude nada más acceder al pabellón 7, uno de los dos en los que se celebra la feria internacional de arte de este año. Imágenes en blanco y negro que ocultan los rostros de los que el artista Santiago Sierra denomina «presos políticos». Una instalación cuyo precio es de 80.000 euros que presentará el sábado y que seguramente se va a convertir en el runrún de esta edición.
Porque Sierra volverá sin duda a levantar polémica por una amalgama que mezcla encarcelados por su participación activa en el «procés» catalán, proetarras o anarquistas.
Un vídeo explica la intención del montaje a través de una voz femenina en «off» sobre la que se desliza la serie de retratos que forman la obra, cuyo objetivo es «visibilizar la existencia de tales presos políticos en el Estado español a pesar de lo que se sostiene institucionalmente». Según el mensaje del autor, «abarcan un amplio espectro de posiciones políticas, especialmente de izquierdas, pero con un criterio de selección muy claro: encarcelados por tratar de hacer públicas y efectivas sus ideas sin recurrir a violencia de ningún tipo». Los personajes, aunque no se vea su rostro, se identifican perfectamente por el texto que les acompaña. Entre ellos se reconoce a figuras del proceso independentista catalán como el ex vicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras –aunque también se hace referencia al resto de ex consejeros llevados a prisión– o uno de los «Jordis» –se cita a ambos, pero el retratado parece ser Jordi Sánchez, el presidente de la Asamblea Nacional Catalana (ANC)–; y hay también protagonistas del ámbito proetarra como el ex batasuno Arnaldo Otegi o uno de los agresores a dos agentes de la Guardia Civil en Alsasua. Entre los fotografiados aparecen además Andrés Bódalo, activista del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) encarcelado por agredir a un concejal del PSOE, o uno de los jóvenes del documental «Ciutat Morta», sobre el desalojo de un teatro ocupado en Barcelona –episodio en el que un guardia urbano quedó tetrapléjico– y uno de cuyos protagonistas fue detenido después por la muerte de un hombre que llevaba unos tirantes con la bandera de España. Otros retratados son los titiriteros detenidos en 2016 por su obra «La bruja y Don Cristóbal», activistas del 15-M, miembros del rotativo «Egin»
–cerrado por ser un «instrumento del entramado delictivo de ETA-KAS»– y los acusados de explosionar una bomba en la Basílica del Pilar en Zaragoza.
«No estarán todos los que son», explica la voz en «off», pero la selección pretende «dejar muy claro su existencia y denunciar no sólo las leyes caducas y su aplicación torcida, sino sobre todo la alienación social que permite y justifica esta realidad y mira hacia otro lado».
La crítica del artista va más allá al considerar que «el recurso universal a la institución penitenciaria refleja el fracaso de las sociedades para construir un ámbito de convivencia saludable» y que la existencia de presos políticos «constituye la piedra de toque que desacredita a cualquier gobierno que pretenda definirse como democrático», por lo que «ningún gobierno admite su existencia, camuflándola».
Sierra lamenta el criterio de España «para definir a un preso político». En su opinión, en nuestro país «ha sido aún más confuso debido a la tradición franquista y a la prolongación de los conflictos nacionalistas después de la Transición». Entre los encarcelados subraya la presencia de «abertzales y anarquistas».
