Las culpas de Buddy Bailey
El Emergente
Ignacio Serrano
Buddy Bailey fue despedido por los Tigres, a pesar de estar disputando los playoffs y haber manejado con éxito una divisa en aparente minusvalía frente a sus adversarios.
¿Hicieron bien los bengalíes? La primera respuesta debía salir de los resultados del actual campeonato. Se suponía que era un movimiento urgente, para cambiar el rumbo de los felinos en esta, su última semana. Pero al caer ante los Leones, primero, y luego ante los Navegantes, su sucesor Carlos García falló en el intento de meter a los rayados en la semifinal.
Hay otra pregunta que debemos responder, más allá de los resultados de Aragua en esta recta final: ¿era Bailey un caso perdido, ya no estaba en sus manos la clasificación?
Hay que revisar el equipo que tuvo a sus órdenes, para encontrar una respuesta.
Los Tigres jugaron durante dos meses con una divisa discreta, donde las figuras fueron el californiano José Vargas y un desconocido receptor que nunca había sido titular en la LVBP, Luis Villegas.
Con buenos defensores, pero mucha juventud y poca ofensiva, se apoyaron en el buen pitcheo (una marca de fábrica en los clubes de Bailey) para ocupar la primera casilla durante semanas.
El patinazo de noviembre, que desató rumores sobre un eventual despido, tuvo que ver con aquella crónica falta de bateo, cuando Vargas se apagó. Pero el estadounidense revivió a finales de noviembre y Aragua regresó a la pelea, al punto de terminar en la cuarta posición.
Ese roster discreto, sin grandes nombres, recibió en los últimos 10 días a Carlos Tocci, Renato Núñez, Ramón Flores y Hernán Pérez. Pero el pase a la postemporada es un rotundo logro del depuesto piloto, porque su equipo tuvo el peor lineup del torneo, con .248 de average colectivo, el peor promedio de embasado y el penúltimo slugging general. Para establecer comparaciones, Margarita fue penúltimo con .268 de average, nada menos que 20 puntos por arriba de los centrales.
Hay quien piensa que Bailey, a pesar de cosechar peras en un olmo, ya perdió su toque. ¿No es mágico cerrar con récord positivo pese a tener registros ofensivos miserables?
¿Que él no manejó el pitcheo como antes? ¿Y quién podía hacerlo? Los rosters semanales ya no tenían 34 hombres, sino 30, y los rosters diarios pasaron de 28 a 26. Era imposible llamar a siete u ocho relevistas por noche. Y con esas restricciones, dejando por más tiempo a sus abridores y a algunos de sus apagafuegos, avanzó sin angustias a la postemporada, con el cuarto mejor pitcheo colectivo.
Volvamos a repasarlo: un club con la peor ofensiva y el cuarto staff de lanzadores cerró la eliminatoria con marca positiva. No es el resultado de un estratega en declive.
Bailey hizo eso pese a contar con una importación calamitosa, en la que 17 hombres promediaron .219 de average y 4.38 de efectividad, cifras muy por debajo de sus criollos y que llevaron a la gerencia a despedirlos a casi todos, hasta cerrar la eliminatoria con apenas tres.
Quizás su salida estaba escrita desde hace meses, con la llegada del Almirante García como coach. Quizás algunos jugadores volvieron a incomodarse con sus modos y su disciplina. Pero algo queda claro, tras revisar los números: la lógica sugiere que los bengalíes merecían quedar fuera y, sin embargo, avanzaron a enero.
Eso, con tan pobres cifras, se debió muy probablemente a que tuvieron al frente a un manager eficaz.
Columna publicada en El Nacional, el jueves 11 de enero de 2018.
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