El Xokas exige transparencia a Rufián: “Estoy orgulloso de pagar impuestos; quiero que los que ganáis más de 100.000 euros rindáis cuentas”
La brecha entre la política institucional y la nueva hegemonía digital ha vuelto a estallar en un agrio intercambio de reproches que trasciende lo anecdótico. El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y el creador de contenido "El Xokas", han protagonizado un choque que sitúa la gestión del erario público en el epicentro del debate nacional. Este enfrentamiento evidencia la creciente distancia entre el discurso oficialista y las figuras que dominan el ecosistema de las redes sociales en España.
Durante el coloquio "Disputar el presente para ganar el futuro", celebrado este miércoles 18 de febrero, el diputado de Esquerra denunció lo que considera una deriva ideológica peligrosa, asegurando que “está de moda ser facha”. El parlamentario lamentó que la opinión pública otorgue más relevancia al streamer gallego que a Mariano Barbacid, cuya investigación contra el cáncer de páncreas depende de una financiación estatal que, a juicio de Rufián, es despreciada por los nuevos líderes de opinión digital.
La ciencia como arma arrojadiza
La respuesta del youtuber no se ha hecho esperar, elevando el tono de la confrontación a través de su perfil en la red social X. El Xokas ha desmentido de forma tajante que reniegue del sistema fiscal, asegurando textualmente estar “orgulloso de pagar impuestos”. Sin embargo, aprovechó la réplica para lanzar una ofensiva directa contra la clase política, a la que calificó de “parásitos” por su gestión de los recursos públicos.
El creador de contenido exigió una fiscalización técnica de los presupuestos y propuso que los cargos públicos con salarios superiores a los 100.000 euros anuales rindan cuentas por sus resultados. En un giro de máxima tensión, sugirió que el sueldo de Rufián debería destinarse íntegramente a financiar las investigaciones de Barbacid, devolviendo el golpe sobre la utilidad del dinero del contribuyente.
La polémica subraya una fractura social evidente en la España contemporánea: el uso de la excelencia científica como escudo moral para blindar gestiones políticas cuestionadas. El debate ha dejado de ser una cuestión de formas para convertirse en una enmienda a la totalidad sobre la eficiencia del gasto público, bajo el implacable escrutinio de una audiencia que ya no se conforma con los cauces de comunicación oficiales, y en la que ahora los grandes referentes a menudo son youtubers cuyo análisis raramente supera la superficie de los asuntos.
